Cada vez más productores agrícolas se suben al carro de los fertilizantes sostenibles

Cada vez más productores agrícolas se suben al carro de los fertilizantes sostenibles y, ya no se trata de conseguir las etiquetas de alimentación «ecológica», también el consumidor medio comienza a notar cómo los alimentos están perdiendo su valor (sabor, textura, etc.) y apuestan por productos sostenibles. Quiero pensar que también se debe a que hay una mayor concienciación de la necesidad de cuidar el planeta.

Agricultura ecologica beneficios

Otra agricultura es posible. Somos lo que comemos. La Tierra se enferma. Son frases cortas, contundentes y que están a la orden del día, pues es importante que tengamos bien grabados estos conceptos en nuestras mentes para poder apostar por alimentos sostenibles, ecológicos y más sanos. ¿Cómo se consigue esto? Sin duda, apostando por aquellos productos que provienen de una agricultura sostenible, en la que se utilice abono orgánico y se respetan los tiempos que exige la naturaleza.

Hay muchos conceptos que ya solo en este párrafo tenemos que pararnos a describir para tener claro que todos estamos hablando de lo mismo.

¿Qué significa la agricultura sostenible?

La FAO describe la agricultura sostenible como aquella que puede satisfacer las necesidades de generaciones presentes y futuras pero sin que por ello haya un daño al medio ambiente, a la par que señala que tiene que ser rentable, favorecer la equidad social y la económica.

Ya que este es un blog dedicado al medio ambiente, me ceñiré a este aspecto. Una agricultura sostenible ha de ser aquella que no acabe produciendo más daños a la tierra y destroce sus ciclos, si no que favorezca su ya de por sí fertilidad, que no empobrezca la calidad del suelo, que no dañe la pureza del agua y que cuide los recursos naturales que de por sí ya ofrece.

¿Qué es el abono orgánico?

Seguro que habéis percibido en vuestros entornos cómo cada vez son más personas las que buscan productos ecológicos, de proximidad, comprados directamente a los agricultores… De ahí que nazcan fruterías eco, supermercados con lineales de productos sostenibles, o supermercados que venden productos de la zona.

La razón es que está habiendo un aumento del consumo de productos sostenibles, donde prima más la calidad que la cantidad, donde comienza a haber una imagen peyorativa de los fertilizantes no orgánicos, pues estos dañan la capacidad productiva y la salud de los campos.

Por ello, cuando hablamos de abono orgánico estamos haciendo referencia a -parafraseando a la Asociación Española de Fabricantes de Agronutrientes- de un abono con sustancias de origen animal o vegetal que aporta uno o más nutrientes, favorecen la actividad microbiana del suelo (fundamental), aprovechan los residuos orgánicos, mejoran la capacidad de absorber agua, pueden ayudar a recuperar la materia orgánica del suelo, entre otros beneficios.

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Sin embargo, cuando hablamos de un fertilizante no orgánico tenemos que hablar de daños importantísimos a la tierra, y no solo a la calidad del alimento que vamos a ingerir. Porque, como antes decíamos, somos lo que comemos. En este sentido, los riesgos y daños que puede aportar este tipo de fertilizantes son:

  • Infertilidad en los suelos: Un fertilizante de químico lo que favorece es el crecimiento de la planta, lo que implica que así va a dar más fruto en menor tiempo (aumenta la producción – economía) pero daña el suelo puesto que no se respetan los tiempos del mismo, se le satura y se anulan otros nutrientes fundamentales del mismo.
  • Aumenta la acidez del suelo, o el PH del mismo, lo que se traduce a una causa más de infertilidad.
  • Estos fertilizantes suelen proveer a la tierra de un exceso de nitrógeno, lo que se traduce en un aumento de microorganismos no beneficiosos y que pueden dañar a los cultivos. ¿Qué ocurre cuando esto se da? Que al final se necesitan más químicos para paliarlo, lo que se traduce en más daños a la tierra y al alimento.
  • Se contaminan las aguas, tanto las subterráneas como las de la superficie ya que aumenta la proporción de metales pesados.

Por tanto, no es de extrañar que cada vez más productores agrícolas se suban al carro de los fertilizantes sostenibles, o que el pequeño agricultor apueste por abonos orgánicos que respeten su tierra. Todos tenemos la opción de elegir qué mundo queremos y propiciar el cambio, tanto aquellos que cultivamos -a pequeña o gran escala- como aquellos que compramos verduras y hortalizas, eligiendo un producto sostenible con el medio ambiente.

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