¿Qué es el Greenwashing? Cómo funciona, qué tipos hay y sus consecuencias

En pleno siglo XXI, muchas empresas quieren presumir de estar concienciadas con el medio ambiente y comprometidas con el planeta. No todas pueden hacerlo, pues algunas hacen todo lo contrario, a pesar de lo cual, se venden como comprometidas. Para entender esto algo mejor, te contamos ¿Qué es el Greenwashing? Cómo funciona, qué tipos hay […]
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En pleno siglo XXI, muchas empresas quieren presumir de estar concienciadas con el medio ambiente y comprometidas con el planeta. No todas pueden hacerlo, pues algunas hacen todo lo contrario, a pesar de lo cual, se venden como comprometidas. Para entender esto algo mejor, te contamos ¿Qué es el Greenwashing? Cómo funciona, qué tipos hay y sus consecuencias

¿Qué es el Greenwashing?

Lo primero de todo es definir qué es el Greenwashing. Para hacerlo, debemos señalar que ‘green‘ significa verde y ‘washing‘ es el gerundio del verbo lavar, es decir, lavando. La traducción literal sería ‘lavando en verde‘ o ‘lavado verde‘. Y eso es precisamente lo que es el Greenwashing

Se trata de una reconocida forma de hacer marketing de muchas empresas, usando el compromiso medioambiental para promocionarse como empresas verdes. En este caso, el Greenwashing se puede referir al normal funcionamiento de la empresa, a las relaciones con clientes y otras empresas o a los productos o servicios que ofrece. El problema es que en realidad, ese compromiso medioambiental no es tal.

Cómo funciona el Greenwashing

Sabemos lo que es pero cómo funciona el Greenwashing. Obviamente, este método tiene varios métodos para conseguir su objetivo principal: engañar al consumidor con mentiras o medias verdades. Para conseguirlo, las empresas tienen ya numerosos métodos. Así es como funciona el Greenwashing

  • Cumplir la ley – Una de las formas más sencillas de hacer Greenwashing es vender el cumplimiento de la ley como algo comprometido con el medio ambiente. Es una estrategia de marketing tan común que cada vez son más empresas las que la hacen
  • Ley del mínimo esfuerzo – Hay empresas que consideran marketing, el hecho de informar sobre algo casi obvio. Ver frases como “Cuidamos el planeta porque solo tenemos uno” o “Comprometidos con el medio ambiente” responden a la ley del mínimo esfuerzo a la que se agarran muchas empresas
  • Sin comprobación empírica – Hay algunas empresas que se la juegan con determinadas afirmaciones, con resultados muy precisos, pero que luego no son capaces de demostrar. En el ámbito medioambiental, toda mejora verde debe ser probada de forma empírica.

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  • Adaptar los resultados – Otro caso es que la empresa sí que tenga esos resultados y esas pruebas, pero los retuerza para darle el sentido que a la empresa interesa, llegando incluso a mentir sobre ellos.
  • Color verde – El tono verde se asocia a respeto con el medio ambiente, por lo que muchas empresas cambian el color del logo o de sus instalaciones para dar a entender algo que realmente no son. Incluso sin haber tocado un solo elemento interno.
  • Exageración – Hay algunas empresas que, efectivamente, sí hacen algún pequeño gesto con el medio ambiente. Eso sí, ese pequeño gesto es vendido como la gran gesta empresarial de ese año, a pesar de que su actividad siga generando un impacto tremendo al medio ambiente. Un ejemplo claro son las empresas de alimentación que ponen la etiqueta ‘sana’ a algunos de sus productos, cuando, a lo mejor, lo que han hecho es quitar un poco de sal.

Así es como funciona el Greenwashing. Obviamente, luego todo es más simple de lo que parece. Un ejemplo lapidario son algunas compañías eléctricas, que se venden como comprometidas con el medio ambiente, cuando el impacto que tienen en el mismo es absolutamente devastador.

Tipos de Greenwashing

Ahora que sabemos qué es y cómo funciona, vamos a ver algunos tipos de Greenwashing. Obviamente, vas a reconocer muchos de ellos.

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  • Cambio de logo – Es el tipo de Greenwashing más sencillo. Un rebranding de manual en el que el logo, el nombre o el eslogan de la empresa venda algo verde que en realidad no es está cumpliendo. Tan sencillo como cambiar el color por uno más verde. El problema de esta medida es que, a corto plazo, el efecto se acaba y si no hay un cambio real, el cliente se acaba dando cuenta.
  • Reseñar lo legítimo – Es tan viejo como las empresas. Centrar la atención en lo que interesa a la empresa, dejando de lado otros elementos. Es decir, exagerar los beneficios de un punto, ignorando otros que son hasta perjudiciales con el medio ambiente.
  • Consumo abusivo – Muchas empresas no son conscientes, o no quieren serlo, del tremendo consumo de recursos que causas sus actividades. Un ejemplo son los coches de combustión y como los fabricantes venden la optimización del consumo de combustible como una reducción de la contaminación o un ahorro de energía, cuando la realidad es que siguen contaminando muchísimo.

  • Distraer la atención del cliente – Tan sencillo como hacer una publicidad bonita, tipo película, en la que todo sea idílico y maravilloso en la empresa, aunque la realidad sea otra. Al final, el cliente se queda con el mensaje y no con la actividad real de la empresa. Una forma sencilla de distracción es poner un mensaje verde y positivo, justo al lado del etiquetado.
  • Diferenciación de productos – Otra estrategia sencilla es diferenciar los productos de la empresa, potenciando el valor de aquellos más comprometidos con el medio ambiente, y dejando de mencionar los que más agresivos son con el entorno. De hecho, hay ocasiones en los que pueda parecer que se trata de empresas distintas.

Consecuencias del Greenwashing

Por último, analizamos las consecuencias del Greenwashing. Y es que este tipo de prácticas, obviamente, no suelen ser beneficiosas para nadie.

  • Problemas con el medio ambiente – Es el primer y el más obvio de los problemas. Si una empresa vende algo que no es a nivel medioambiental, el impacto ecológico se sigue produciendo
  • Mentir al consumidor – A pesar de que los controles sobre las mentiras a los consumidores son tremendos, la realidad es que las consecuencias sobre estas empresas no son las que deberían.
  • Desafección del cliente – Al final, el cliente puede acabar perdiendo la confianza en la empresa. Incluso el efecto rebote puede derivar en una desafección de otras empresas del sector.

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