Alimentos ecológicos, biológicos y orgánicos: principales diferencias

Quizá te haya sorprendido descubrir cómo, de un tiempo a esta parte, de repente es posible encontrar en las estanterías de los supermercados, o incluso en la parte destinada a las frutas y verduras, una amplísima diversidad de alimentos y productos alimenticios ecológicos u orgánicos. Desde vegetales a cereales de desayuno, pasando por galletas e […]

Quizá te haya sorprendido descubrir cómo, de un tiempo a esta parte, de repente es posible encontrar en las estanterías de los supermercados, o incluso en la parte destinada a las frutas y verduras, una amplísima diversidad de alimentos y productos alimenticios ecológicos u orgánicos. Desde vegetales a cereales de desayuno, pasando por galletas e incluso hasta refrescos. ¿Se han vuelto locos las marcas? La realidad es que no, y en realidad responden a una necesidad creciente por parte de los clientes de optar por este tipo de productos. Pero, ¿qué diferencia existe entre las diferentes opciones que hay?.

Alimentos ecológicos, biológicos y orgánicos

Si eres como yo, y tiendes a comprar tus frutas y verduras lo más cerca posible de tu mercado local de agricultores, es probable que esperes recibir la mejor calidad de alimentos. Después de todo, acudes directamente a la fuente donde puedes ver, oler, tocar y probar la comida real, tal como lo hizo la propia naturaleza.

No hay duda que la demanda de los alimentos «naturales» ha crecido constantemente en los últimos años. Y aunque en Estados Unidos empezó desde la década de 1970, en España lo hizo hace en torno a una década aproximadamente, aunque es ahora cuando se encuentra en su punto más alto. Y el supuesto subyacente es entender que lo «natural» es superior al producto procesado, alterado y/o empaquetado.

A muchos fabricantes de alimentos les encanta usar términos que atraigan el anhelo de muchas personas por lo real, incluso a pesar de que no es nada de eso. Por ejemplo, se supone que encontramos jugo cien por cien natural de frutas o vegetales en latas de aluminio. La leche, el queso o el yogur provienen de vacas «felices» a las que se les permite vagar libremente por prados deliciosos. Los huevos son puestos por gallinas «libres» que revolotean alrededor de la antigua granja… Por supuesto, muchas de estas afirmaciones son mera fantasía, pero son argumentaciones que venden, y mucho.

Entonces, ¿cómo pueden los consumidores saber que realmente están comprando algo «natural», «orgánico», o «ecológico» cuando las etiquetas de los alimentos los identifican como tal?. Y, sobre todo, ¿cuáles son sus principales diferencias?.

Si tenemos en cuenta que el 64% de los españoles cree que los términos sostenible, ecológico y biológico son ‘parecidos’, es evidente que se nos hace necesario una aclaración respecto a cuáles son sus principales diferencias.

¿Qué es un producto orgánico?

Para que un producto sea certificado como «orgánico» es necesario que los productores deban cumplir una serie de condiciones y procesos estrictamente controlados. Por ejemplo, deben evitar sustancias químicas sintéticas y otras sustancias químicas como fertilizantes, pesticidas, antibióticos y aditivos. Además, la tierra en la que se cultivan alimentos vegetales considerados o etiquetados como «orgánicos» deben estar libres de químicos sintéticos prohibidos, durante al menos tres años o más.

También se excluyen los usos de organismos modificados genéticamente, los biosólidos y la irradiación. Mientras que la certificación de productos alimenticios orgánicos para animales prohíbe el uso de hormonas de crecimiento, antibióticos y piensos modificados de forma genética, así como subproductos animales en la cría de ganado.

En el caso de los huevos orgánicos, por ejemplo, deben provenir de gallinas que estén en libertad, libres de jaulas y al aire libre. Incluso algunos estudios han demostrado que la alimentación orgánica es más saludable, como ya te hemos comentado en algún momento.

Alimentos orgánicos

¿Qué es un alimento ecológico?

En el caso de los alimentos ecológicos, entre los que nos encontramos con la agricultura «ecológica», es también conocida como agricultura «sostenible». Sería bastante similar a lo que entenderíamos como un alimento «natural», aunque su descripción está mucho menos definida.

En términos generales, la agricultura «ecológica» utiliza principios que se basan en el deseo de mantener relaciones armoniosas entre la producción de alimentos y el medio ambiente. Tiene una serie de elementos centrales, como: el uso sensato -y prudente- de los recursos naturales, como el suelo, el ganado y el agua; respeto a los ciclos biológicos naturales; la viabilidad económica a largo plazo de las distintas operaciones agrícolas; la mejora de la vida tanto de los agricultores como de la sociedad en general.

Y, todo ello, sin la intervención artificial por parte del agricultor. De esta forma, para que una fruta sea considerada como ecológica, su semilla tiene que ser igualmente ecológica, mientras que el agua y la tierra deben estar descontaminadas. A su vez, no se utiliza ningún fertilizante ni pesticida químico, y se aprovechan las diferentes condiciones naturales para su desarrollo (tanto el clima como el suelo).

En el ámbito ganadero también podemos encontrarnos con productos cárnicos ecológicos. Así, se utilizan para alimentar a los animales productos alimenticios ecológicos, se respeta la crianza en una zona libre de contaminación, y no se usan hormonas de crecimiento o antibióticos.

Alimentos ecológicos

¿Qué es un alimento natural?

Muchos productos alimenticios pueden venderse como «naturales», independientemente de si los hechos pueden respaldar o no esta afirmación. Así, cualquier empresa puede utilizar términos y frases como «natural», «cien por cien natural», «todos los ingredientes naturales»… lo que puede llevar a pensar al consumidor que lo natural es igual o incluso superior al alimento orgánico, cuando en realidad no tiene por qué ser así.

Podríamos definir al alimento natural como un alimento que ha sufrido un «procesamiento mínimo», lo que también excluye el uso de ingredientes artificiales, colorantes y otros aditivos alimenticios.

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Sin embargo, no ocurre lo mismo que con la alimentación ecológica, que está mejor regulada. Así, podemos encontrarnos con carnes de animales que originalmente han sido tratados con hormonas artificiales, a los que se les inyectó una solución salina con el fin de agregar un mejor sabor. Esta carne puede ser anunciada como «natural», y no ser por tanto del todo real.

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