La tauromaquia, o el asesinato ritual de los toros, es una de las costumbres más bárbaras que siguen existiendo hoy en día en Europa. España debería sentir vergüenza por mantener esta tradición tanto tiempo, pero al parecer está tan arraigada que hasta la defienden con argumentos increíbles.
Hace poco, en El Mundo, se publicó un artículo en el que un veterinario decía que el toro estaba genéticamente seleccionado para adaptarse y soportar la tortura a la que lo someten en las corridas de toros.

Es increíble que haya tanto movimiento mundial en favor de los derechos de los animales, de que no deben sufrir, tanto los que van a ser comidos por nosotros, como los sometidos a experimento y los salvajes. Pero se sigue tolerando y se considera legal la tortura a la que se somete a los toros en las corridas.
El sujeto en cuestión es Carlos Illera del Portal, profesor titular y director del Departamento de Fisiología Animal de
Hizo pública una investigación en la cual pretende demostrar que gracias a la segregación de las hormonas el toro siente mucho menos dolor y estrés de lo que se creía.

Ahora... ¿cuánto es mucho para este hombre? ¿Y cuánto es menos? Él dice que no pretendía defender las corridas, pero qué otro fin podría tener algo semejante. Ya que, supongamos que sufre menos de lo que uno imagina al ver cómo lo cortan, lo arponean, y demás. Supongamos eso. ¡Igualmente sufre!
Este hombre dice: “El estudio puede dar fuerza a los defensores de la fiesta, porque ahora podrán decir que tenemos una especie única en el mundo. Pero debemos tener en cuenta, o al menos yo lo tengo claro, que si desaparece la fiesta desaparecerán los toros del campo. Estarán en los zoológicos como una especie en extinción”.
Qué bello y esperanzador es que un animal exista sólo para que pueda sufrir frente a cientos de espectadores y hacerlos disfrutar de un ritual bárbaro.
Pero por suerte
En él dicen que:
“El organismo del toro, dotado de un sistema neuroendocrino, es decir nervioso y hormonal muy similar al nuestro, debería no presentar alteraciones fisiológicas, es decir, sus manifestaciones emocionales no deberían diferir de las que presentan en condiciones normales”.
Y rebaten punto por punto lo dicho por Carlos Illera del Portal:
• No se puede hablar de un estudio hormonal que trata de la respuesta de un animal (el toro) ante una situación determinada (la corrida), cuando la mayoría de los resultados hormonales se obtienen sobre un cadáver. No es adecuado por tanto el término de determinaciones hormonales durante la corrida, y sería más correcto el término de, determinaciones hormonales en un toro después de haber pasado por ella. • No se puede decir que el toro responde en menos de un segundo con la liberación de hormonas neutralizadoras del dolor, cuando esas sustancias se determinan en un toro muerto, es decir, no se ha hecho una determinación seriada de estas sustancias a lo largo de las diversas suertes a las que es sometido el animal en la plaza. • ¿Cómo se puede asegurar que tras la puya el toro libera en menos de un segundo betaendorfinas? Nadie ha medido las betaendorfinas inmediatamente después de los puyazos, ni inmediatamente después de las banderillas, ni inmediatamente después de le estocada o del descabello. ¿Cómo se puede hablar entonces de una respuesta tan rápida y tan intensa?
Esperemos que todo este movimiento mediático que tuvo la nota de Carlos Illera del Portal, también se genere con las opiniones contrarias...




Imaginemos que de verdad existiera una especie con incapacidad para sufrir, de manera que no sintiera absolutamente nada ante la tortura incesante y tampoco ante la muerte. ¿Entonces podríamos decir que es más ético este lamentable espectáculo? ¿Sería menos nocivo para la educación de toda nuestra sociedad? Ojo: estaríamos hablando de un espectáculo en el que se simulara tortura y asesinato para el divertimento de un público que representa una parte de nuestra sociedad.
Con esta reflexión lo único que pretendo decir es que, más allá de lo obvio del terrible sufrimiento que soportan los toros, está también las implicaciones sociales que tiene el vivir en una sociedad acostumbrada a divertirse con un espectáculo de semejantes características.
La tolerancia a este tipo de espectáculos sólo demuestra que la nuestra, es una sociedad enferma y creo que todos deberíamos plantearnos las repercusiones a todos los niveles que tiene el formar parte de una sociedad enferma.
Saludos.
absurdo eso