El Protocolo de Kyoto tiene como objetivo luchar contra el cambio climático mediante la reducción de emisiones de dióxido de carbono.

ProtocolodeKioto Imagen: Google

La Cumbre de la Tierra, en Río de Janeiro en 1992, marcó la toma de conciencia internacional sobre el riesgo del cambio climático. Los países más ricos, para los que una disminución del crecimiento parece ser más llevadera y que, por otra parte, han sido los responsables de las emisiones más importantes, se han comprometido en el año 2000 a estabilizar sus emisiones en los niveles de 1990. En 1997, el Protocolo de Kyoto, el que afirmó estos compromisos cuantitativos jurídicamente.

Los gases de efecto invernadero son:

Dióxido de carbono (CO2): que proviene esencialmente de la quema de combustibles fósiles y de la deforestación.
Metano (CH4): su origen principal proviene de rumiantes, del cultivo de arroz, de los vertederos de residuos municipales, del petróleo y del gas.
Halocarburos (HFC y PFC): son los gases utilizados en sistemas de refrigeración y la producción de frío, los gases propulsores de aerosol.
Óxido nitroso (N2O): proviene de la utilización de fertilizantes nitrogenados y de determinados procesos químicos.
Hexafluoruro de azufre (SF6): utilizado, por ejemplo, en los transformadores eléctricos.

Los países firmantes denominados “anexo” (países desarrollados y en transición hacia una economía de mercado como Rusia) han aceptado, globalmente, reducir en -5,5% sus emisiones de gases de efecto invernadero durante el período 2008 — 2012 en comparación al nivel obtenido en 1990.

Estados Unidos ha aceptado una reducción del 7%, Japón del 6% y la Unión Europea la reducción de un 8%. Como resultado de este compromiso, la UE ha considerado necesario hacer una distribución de la carga de este objetivo entre todos los países miembros.

Rusia también ha ratificado el Protocolo de Kyoto. No obstante, los Estados Unidos, que emiten entre el 30 y el 35% del total de emisiones de gases de invernadero de origen humano, en el 2001 decidieron no ratificar el Protocolo. Pero, parece ser que, en la actualidad, intervendrán.

Los compromisos asumidos por los países desarrollados son ambiciosos. Para facilitar su cumplimiento, el Protocolo de Kyoto prevé para estos países la posibilidad de utilizar los mecanismos llamados de “flexibilidad” para complementar las políticas y medidas que cada uno de ellos deberá aplicar a nivel nacional.

Estos mecanismos son tres:

Los “permisos de emisión”: esta disposición permite vender o comprar derechos de emisión entre países industrializados.
La “Aplicación Conjunta”: permite, entre los países desarrollados, hacer inversiones para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero fuera del territorio nacional y beneficiarse con créditos de emisión generados por reducciones obtenidas.
El “Mecanismo de Desarrollo Limpio”: similar a la disposición anterior, con la diferencia que las inversiones son hechas por un país desarrollado en un país en desarrollo.

A nivel comunitario, la Unión Europea pone en marcha los instrumentos jurídicos necesarios y refleja su determinación de aplicar las disposiciones del Protocolo de Kyoto.

Vía | Futura-Sciences