Por el cambio climático, podrían aparecer tiburones en la Antártida
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Por el cambio climático, podrían aparecer tiburones en la Antártida

De acuerdo al análisis que un grupo de investigadores realizó durante la reunión anual de la Asociación de Estados Unidos para el Avance de las Ciencias (AAAS), si la temperatura del agua de la Península Antártica continúa incrementándose, es probable que comiencen a llegar tiburones y otros depredadores.

Tiburones

En relación a las consecuencias que podría tener esta aparición, los biólogos Cheryl Wilga y Brad Seibel señalaron que es probable que este fenómeno se registre en este siglo debido al “ritmo que viene llevando el calentamiento global”. Según estos especialistas, “una vez que lleguen cambiará totalmente la ecología de la comunidad marina de la Antártida”, tal como expresó Wilga en palabras reproducidas por EFE.

En este sentido, indicaron que, aunque no se prevé una extinción generalizada de especies, “habrá cambios dramáticos en las poblaciones y proporciones de los ejemplares”. En base a sus pronósticos, las especies más vulnerables serán las de cuerpo blando, entre las que se encuentran los camarones, además de los peces que ya se han convertido en el menú favorito de focas y pingüinos.

Pero el calentamiento global no sólo favorecería el regreso de los tiburones. Según comentaron los científicos, otros depredadores que poblaron el continente hace millones de años también podrían reaparecer por la región, como en el caso de los cangrejos.

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1 Comentario

  1. ignacio dijo...

    Nuevos Climas, Nuevas Conciencias.

    Estas líneas son el principio de una aventura. Casi una de esas aventuras épicas que podeis encontrar en cualquier librería para contar a vuestros hijos. Porque trata de una de las mayores proezas que tiene que realizar el hombre en la historia de la humanidad. Consiste no en salvarse a sí mismo, o a otros hombres, sinó en salvar a Gaia, nuestro planeta. Gaia nació en la NASA. O mejor dicho, la bautizaron allí puesto que se le calcula unos 4.500 millones de años de edad. Fue James Lovelock quien a petición de la NASA tuvo que hacer un análisis atmosférico para contribuir al estudio de la detección de vida en otros planetas, concretamente Marte. James Lovelock, se puede considerar como el padre de la ecología moderna, aunque actualmente se lleva muy mal con los ecologistas, entre otras cosas, por defender la energía nuclear como única medida realista para evitar el calentamiento global.

    Como iba diciendo, los descubrimientos de Lovelock sobre los CFCs en el clima estimularon el nacimiento del Protocolo de Montreal. El primer tratado internacional destinado a la protección de la capa de ozono a través de la erradicación de las sustancias químicas de la industria. Entró en vigor en enero de 1989. Aquí fue donde empezó esa aventura épica que viene enfrentando a los hombres con Gaia, a Gaia con los hombres, y finalmente a los hombres contra sí mismos.

    La primera parte de la contienda, en mayor o menor medida la conocemos todos. Resulta que en los últimos 100 años y coincidiendo con la segunda revolución industrial, el hombre ha aumentado exponencialmente sus emisiones de CO2, desequilibrando un sistema de autorregulación climática muy complejo, que tenía unos cuantos miles de años de garantía. Este hecho, lo podemos denominar como la primera agresión involuntaria del hombre a Gaia.
    Nuestro planeta, por su parte, ha ido respondiendo a su manera. Alteración climática por aquí, tornado por allá… pero sus pequeñas escaramuzas no parecen haber surgido efecto en su mayor agresor; el hombre, energívoro por excelencia.

    Esto fue así hasta que un tal Alberto, ex-vicepresidente demócrata de los EEUU tuvo un sueño, (debió ser una pesadilla): y al hombre no le fue tan mal, puesto que tras estrenar en 2006 el documental “Una verdad Incómoda”, cobra la friolera de 40 millones de dólares por conferencia. No obstante, un año después el ex-segundo de abordo de Bill Clinton recibió merecidamente el Nobel de la Paz y el Premio Príncipe de Asturias por la gran difusión de su mensaje. Aquí empezó la tercera y última confrontación: la del hombre contra sí mismo.

    Sobre Al Gore se han dicho muchas cosas. Yo sólo recuerdo algunas de sus palabras y ni siquiera literalmente: “Es para mí un privilegio, vivir en una época en que nuestras decisiones pueden transformar el mundo y dejar un mejor legado a las generaciones venideras” (creo recordar algo así).

    También explicó que: “Bush dijo una vez que hay que elegir entre economía y medioambiente. Pero ésta es una dicotomía falsa, si no tenemos planeta, no tendremos economía”. Más claro, blanco y en botella.

    Pero lo importante de esta historia no es Al Gore. Es poner a prueba la capacidad del hombre para salir del entuerto climático. Existe un punto de no retorno, al cual nos acercamos cada vez más, y tampoco podemos ponernos a vivir en cuevas.

    Y sobre todo ¿cómo les explicamos a los países emergentes que no deben utilizar sus recursos naturales, cuando nosotros lo hemos venido haciendo todos estos años? Esta es, probablemente, la última de las batallas. Donde la audacia, la conciencia y el ingenio humano, se van a medir con la necesidad, el recelo, y los intereses económicos de muchos países.

    Ignacio Bernabeu
    http://www.movimientofresh.com

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