En un hecho sin precedentes, la quema de pastizales en la provincia argentina de Entre Ríos derivó en un incendio de grandes proporciones, con más de 500 focos. El humo afecta a un área de unos 200 kilómetros y, desde hace varios días, se ha instalado en la ciudad de Buenos Aires.
Ya no quedan rincones donde se pueda respirar con normalidad en la capital argentina. El manto de humo y el olor a quemado han invadido las calles y los hogares. A lo largo del día se han cerrado carreteras, la terminal de ómnibus de Retiro, el aeroparque y el puerto, en un intento por prevenir accidentales fatales como los que ya han ocurrido ante la falta de visibilidad.
El Ministerio de Salud de la ciudad informó que cerca de 300 personas fueron atendidas en los hospitales públicos por irritación ocular y por casos de alergia. Ante el avance del problema, se ha decretado el alerta amarilla en todos los centros de salud.
El humo incluso se filtró por debajo de la tierra y ha llegado hasta el subterráneo. La Línea C, por ejemplo, debió interrumpir su servicio durante cuatro horas. Muchas escuelas han suspendido las clases o impidieron la realización de actividades al aire libre. Los especialistas han recomendado que niños y ancianos salgan lo menos posible de sus hogares. Vecinos de las localidades de Ezeiza y de Pilar, por su parte, acaban de denunciar que llueven grandes trozos de ceniza sobre las calles.
¿Cómo se llegó a esta increíble situación? Los productores rurales, en un intento por rentabilizar sus campos, comenzaron a realizar quemas intencionales de los pastizales, una práctica habitual a pequeña escala. La intención es que, en los suelos quemados, crezca nuevo pasto para alimentar a los animales.




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