Catedral de Sevilla, Coliseo y Torre de Londres: joyas arquitectónicas amenazadas por contaminación
Debido a la contaminación atmosférica y a la polución causada por el tráfico urbano, algunos edificios emblemáticos como el Coliseo de Roma, la Catedral de Sevilla y la Torre de Londres están cada vez más expuestos a daños irreparables en sus construcciones.

Según un estudio que se realizó en ocho ciudades europeas y fue difundido en Roma, las emisiones contaminantes se pegan en las paredes de los edificios, las ennegrecen y ponen en riesgo sus colores y estructuras originales.
El informe fue presentado por el Instituto de Ciencias de la Atmósfera y alerta sobre la degradación que están sufriendo estas construcciones. Además, los investigadores aprovecharon las conclusiones y lanzaron un mensaje a las autoridades para que se pongan en práctica soluciones urgentes y puedan minimizarse los daños.
En palabras de la investigadora Cristina Sabbioni, “los monumentos se ennegrecen a un ritmo cada vez mayor, de una forma cada vez más homogénea y con una coloración cada vez más grisácea o marrón”.
La información, dada a conocer por La Razón y publicada por varios medios, indica también que además del aumento de las emisiones, las variaciones en la composición química de éstas aumentan el grado de agresividad, de forma tal que lo que antes tardaba 100 años en ensuciarse, en la actualidad lo hace en apenas una década. Uno de los ejemplos dados fue el caso de los combustibles diésel, que producen un tipo de contaminación especialmente dañina para algunas construcciones. “Con los años, la composición de las partículas de carbono ha cambiado. Hoy, en las áreas urbanas, prevalecen las partículas orgánicas a causa de los motores a gasóleo, mientras que años atrás eran más frecuentes las partículas elementales, de origen industrial”, detalla la investigación.
A raíz de esta modificación, la coloración de las paredes de los monumentos va adquiriendo colores de gamas gris y marrón -en lugar de negro-, y la pátina contaminante se ve repartida por todo el edificio de forma homogénea. Sin embargo, lo que más perjudica a los edificios históricos es el tráfico urbano. “El ejemplo más claro es lo sucedido en la Catedral de Sevilla, que fue limpiada recientemente. El lado que está cerca del tráfico presenta una pátina negruzca, formada por partículas pequeñas y oleaginosas que se incrustan con rapidez en la superficie. Mientras que las zonas peatonales presentan daños menores”, afirman.
La contaminación también afecta a los museos situados en las grandes ciudades europeas. Según informaciones de la Agencia de Protección Medioambiental italiana, se han detectado partículas “peligrosas” sobre las joyas artísticas de la Galería de los Uffizzi en Florencia y en la Biblioteca Británica de Londres.
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