En esta época en donde el ritmo de vida es vertiginoso, resulta increíble enterarse que, en Argentina, existe un grupo de artistas que lleva adelante el proyecto “Samohú”, a través del cual defienden, por intermedio de la contemplación y el arte, la preservación de árboles florales autóctonos, tales como el lapacho, el jacarandá, la tipa, el ceibo y el palo borracho.
Dentro de las actividades desarrolladas en el marco de esta iniciativa llama la atención una milenaria ceremonia japonesa que se conoce como “Hanami” y que consiste en sentarse a tomar un té debajo de cerezos en flor sobre un mantel blanco que, a medida que van cayendo sobre él las flores, se transforma en un escenario ideal para contemplar.
Cristina Coroleu, una acuarelista que promueve este tipo de prácticas, aseguró ante el diario La Nación que su grupo fomenta el hanami “con los diferentes árboles autóctonos de Buenos Aires para hacer visible su belleza, que muchos pasan por alto y no se dan cuenta de que están en peligro”.
En este sentido, la artista reveló que, en la capital argentina, el calendario de floración se inaugura con la flor rosa del lapacho y se termina en febrero con el palo borracho, cuya flor “sólo desaparece en julio”. En otras palabras, Coroleu expresó que, al menos hasta el momento, “la ciudad está en flor todo el año”, pero aún así los efectos del cambio climático ya se evidencian en este proceso.
“La floración de los árboles se está adelantando casi un mes, por eso, más allá de los cuidados que merecen las especies que en la actualidad siguen en pie, es necesario reflexionar sobre cómo será la ciudad en el futuro y qué debemos hacer al respecto”, sostuvo Coroleu.
Foto: Flickr


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