Rara enfermedad está aniquilando al demonio de Tasmania
El demonio de Tasmania es una especie marsupial que sólo vive en la isla de Tasmania, en Australia. Es un animal realmente único, pero tanto lo es que está al borde de la extinción por culpa de un tipo de cáncer que sólo los afecta a ellos. Es una enfermedad infecciosa que ya ha contagiado a dos tercios de la población de demonios.
Científicos australianos quieren levantar una valla en la isla, para que se separe a los animales infectados de los sanos. Ya que si no se hace algo ya mismo podrían desaparecer por completo en unos 20 años, ya que no hay cura para la enfermedad que los afecta.
Se trata de un cáncer facial, que los consume en menos de un año, ya que de a poco los deja ciegos, y no pueden comer, por lo que terminan muriendo de inanición. Se ha descartado que se trate de un virus. Se cree que las mismas células son las que contagian el cáncer, tal vez durante las peleas entre los demonios.
La esperanza es que el cáncer no se pasa a las crías, por eso se quiere aislar a los sanos de los contagiados, para poder proteger a la especie y eventualmente erradicar la enfermedad.
Vía BBC
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Perfil de Greenpeace
La experiencia y el accionar de muchas organizaciones vinculadas al medio ambiente hacen que, muchas veces, a la hora de informar, se deje de lado la historia y las características propias de cada una de las asociaciones. En este sentido, se puede decir que, si bien muchas personas han oído hablar de agrupaciones ecológicas como Greenpeace o Ecologistas en Acción, pocos son los que conocen en detalle la trayectoria y los objetivos de este tipo de entidades.
Por esa razón, desde El Blog Verde comenzaremos, a partir de hoy, a publicar una serie de artículos para que ustedes, estimados lectores, sepan cuándo, cómo y con qué propósitos fueron establecidas las organizaciones dedicadas a defender el medio ambiente. En esta oportunidad, tal como adelanta el título de esta nota, la información estará referida a Greenpeace.

Con un nombre formado por dos palabras derivadas del idioma inglés, “Green” (verde) y “Peace” (paz), esta organización no gubernamental comenzó a actuar a favor de la naturaleza en 1971 en Vancouver, Canadá.
Sus fundadores fueron unos activistas que estaban en contra de las pruebas nucleares que Estados Unidos llevaba a cabo en Amchitka (Alaska). Por ese entonces, el grupo se llamaba “Comité No provoqueis un maremoto” pero, tiempo después, decidieron cambiar su lema y resumieron sus intenciones en la frase “Queremos paz y queremos que sea verde”.
Con el paso de los años, esta agrupación comenzó a propagarse bajo el nombre “Greenpeace” en distintos países, tales como Estados Unidos, Australia y Nueva Zelanda, aunque no tenían ningún tipo de conexión entre sí. Recién para la década del ’80 puede decirse que esta organización alcanzó repercusión internacional gracias a la participación de David McTaggart, un ex hombre de negocios canadiense que presidió Greenpeace Internacional hasta 1991. Él fue quien, por ejemplo, fundó Greenpeace en Europa.
En lo que respecta a la sede española de dicha agrupación, es importante destacar que la actividad comenzó a desarrollarse en 1984, año en el que Greenpeace abrió una oficina central en Madrid. Desde entonces, la asociación no deja de sumar socios y de defender el medio ambiente tanto en España como en el resto del mundo.
Foto: Flickr
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Nuevo chicle orgánico y biodegradable
Los chicles son un problema grave, no sólo para la estética de veredas, calles y pisos a los que se adhiere y no se vuelve a despegar, sino porque el chicle no es biodegradable. Pero ahora han creado un tipo de chicle que es orgánico y biodegradable.
El problema es que la gente conoce algo de la historia del chicle, y sabe que proviene de una costumbre azteca, y que proviene de un árbol. Pero lo que no saben es que desde los años 50 ya no se usa más el chicle orgánico, sino uno hecho con compuestos sintéticos.
El chicle orgánico es un polímero gomoso que se obtiene de la savia de un árbol llamado Manilkara zapota. Pero hoy en día se utilizan polímeros sintéticos.
Pero una empresa mexicana llamada Chicza Rainforest Gum, comercializarán chicles que tendrán un certificado de que son fabricados con productos orgánicos, y que proceden de bosques renovables.
La industria del chicle en la zona, y los chicleros, o sea quienes obtenían el chicle orgánico, estaba virtualmente muerta por el uso de compuestos orgánicos para fabricar la goma de mascar.
Los nuevos productores quieren revivir esa industria, pero de un modo ecológico, que no dañe a los bosques naturales de la zona, ni a los árboles. Antaño no se cuidaba a los árboles, pero ahora han dicho que sí se preocuparán por ellos.
Para obtener el chicle hay que producirle un corte al árbol, en su corteza, para que salga la savia. Pero ahora dicen que se hará de una forma que el árbol no resulte mortalmente dañado, sino que se hará de una forma que se pueda recuperar. Según dicen en ocho años la herida está totalmente curada y puede dar chicle otra vez.
Ya habíamos visto aquí el invento de un chicle biodegradable, pero aquel no era orgánico.
Vía threehugger
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¿Cuanto CO2 liberaría una guerra nuclear?
Un tópico de la ciencia ficción es el de una guerra nuclear, en la cual se detonarían cientos de bombas atómicas. No sólo radiación provocarían estas bombas, sino una liberación increíble de dióxido de carbono a la atmósfera, uno de los principales gases de efecto invernadero.
Pero, ¿cuanto dióxido de carbono emitiría una guerra nuclear, realmente? Según un estudio reciente la guerra nuclear regional más pequeña posible, liberaría 700 millones de toneladas de dióxido de carbono, que es el equivalente a lo que emite anualmente Gran Bretaña.
El estudio fue realizado por Marc Z. Jacobson, de la Universidad de Stanford. La idea del estudio no es analizar los efectos de una guerra atómica, sino buscar soluciones para el calentamiento global. Pero lo que más ha llamado la atención de su estudio es el apartado donde analiza cuanto dióxido de carbono se emitiría durante una guerra nuclear o algún atentado terrorista con armas atómicas.
Actualmente existen 30 mil cabezas nucleares en el mundo, o sea misiles con bombas atómicas. El 95% de ellas está en Estados Unidos y en Rusia. Pero también hay material sin refinar suficiente para producir 100 mil bombas más.
Según Jacobson la explosión de 50 bombas de 15 kilotones de potencia, podría generar un invierno nuclear a corto plazo, pero a largo plazo comenzaría un calentamiento por el dióxido de carbono liberado. Que sería de 690 toneladas, debido a todo el combustible y materiales quemado durante la explosión.
Sólo cabe imaginar lo que generarían las 30 mil bombas atómicas existentes, la Tierra quedaría asada como Marte.
El objetivo del estudio de Jacobson, igualmente era comparar este miedo latente con las emisiones de los sistemas de energía nuclear, que son uno de los grandes causantes del calentamiento global actual.
Referencia
"Review of solutions to global warming, air pollution, and energy security". The Royal Society of Chemistry 2008
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El Vaticano afirma que los anticonceptivos son contaminantes
El presidente de la Federación Internacional de Asociaciones Médicas Católicas, José María Simón Castellví, publicó un artículo donde asegura que las píldoras anticonceptivas “tienen consecuencias devastadoras para el medioambiente” y generan infertilidad en los hombres.

Una vez más, parece que la moral y la religión entran en conflicto con la ciencia. En una nota presentada por L’Osservatore Romano (el periódico del Vaticano), un médico español afirma que los anticonceptivos orales son contaminantes ya que, al ingerirlos, las mujeres liberan “toneladas de hormonas” a través de la orina.
Sin dar demasiadas precisiones, Simón Castellví asegura que tiene “datos suficientes” para confirmar la contaminación ambiental causada por las mujeres que toman las píldoras. Por otra parte, estos anticonceptivos serían “uno de los motivos por los que el hombre en Occidente produce cada vez menos espermatozoides”, según reproduce El País.
“Estamos frente a un efecto antiecológico claro que exige más explicaciones de parte de los fabricantes”, resalta el autor del artículo. Cabe destacar que los científicos suelen afirmar que la píldora es el método anticonceptivo más eficaz para evitar los embarazos no deseados.
El supuesto carácter antiecológico de la píldora es dejado pronto de lado por Simón Castellví, quien prefiere hacer hincapié en que los métodos anticonceptivos son inmorales ya que violan el derecho a la vida, a la salud, a la información, a la educación y a la paridad de sexo.
Sabemos que el dogmatismo suele afectar la objetividad y, por lo tanto, se aleja de la verdad. Sería bueno que otros médicos salgan a confirmar o rebatir el artículo publicado en el periódico del Vaticano, con argumentos científicos e imparciales.
Foto: Flickr
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